Entrevista a Pep Ricart

Entrevista a Pep Ricart

Hurgando por las callejuelas de google encontramos a un personaje de apariencia sencilla, campechano, como decimos por aquí, y de sonrisa fácil y amplia. Pep Ricart aparece por los recovecos de las autopistas de la información como sin querer, sin hacer demasiado ruido pero con una presencia inconfundible.

Nos sorprende leer su curriculum porque no sé cómo se pueden hacer tantas cosas en tan poco tiempo y, en un mercado tan difícil como el del entretenimiento humano, donde parece que todo el mundo puede tener presencia, sea lo que sea.

Beterano de nacimiento en la década de los 60 es actor de teatro, cine y televisión, así como director de escena y músico por convicción. Lo vemos a lo lejos y lo identificamos perfectamente, esa sonrisa es inconfundible. Estamos en Alboraya, delante de l´Escola de música UTEM, rodeado de alumnos que ataviados de delantales y camisetas se rebozan entre chocolate, por el suelo, como croquetas en una sartén de aceite.

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Invisibles, los niños del tiempo es la obra que dirige Pep para celebrar el 10º aniversario del nacimiento de UTEM y que se va a representar los próximos días 28 y 29 de mayo en el Espai La Rambleta. Una obra que por si misma ha llamado a Pep Ricart para que se haga cargo de ella; ningún otro ser humano tendría las capacidades necesarias para llevar a cabo esta obra de manera tan profesional. Se han dado una serie de factores que han confluido en el tiempo y en el espacio, como es mi amistad con Begoña Tena, la autora del libreto, el conocimiento de hace pocos años de Luis Serrano, compositor de la música y que trabajamos juntos cuando él dirigía la banda de Bétera, con Cristina Fernández, coreógrafa del espectáculo y con el actor que hará el personaje de El Industrial que es Manolo Maestro. Todo ello ha confluido gracias al esfuerzo y la generosidad de Mar y de Esther, codirectoras de l´Escola de música UTEM, y sí, parecería que esta obra estaba ahí esperando a que nos atreviéramos a hacerla.

Si Pep comenzó en el mundo de la interpretación en pequeños cortos donde la ilusión y las ganas estaban en niveles superlativos, la obra Invisibles, donde hay alrededor de cien niños, con unas ganas y una ilusión increíbles podría estar llevando a su director a aquellos inicios. En algunos momentos si que lo he pensado; empecé a hacer cosas a nivel teatral mas tarde que muchos de los niños que trabajan aquí, porque aquí hay niños de seis años y menos…, lo que sí que me está aportando este trabajo es que me está devolviendo a los orígenes de mi deseo de ser actor y de lo que siempre te dicen cuando empiezas a trabajar en esto de la interpretación, tienes que jugar, tienes que disfrutar y jugar con el texto, con la música, con las palabras, con la interpretación… y en esto no hay mejores maestros que los niños que están siempre jugando… estoy volviendo a recuperar ese deseo de interpretar a la vez que de jugar.

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Aquí ya se nos quiebra la voz y se rompe el esquema de una entrevista totalmente estructurada. Nos damos cuenta del error que hemos cometido al creernos adultos haciendo una entrevista sin contemplar el factor del juego. Pep nos ha desarmado con estos conceptos de recuperar el deseo y de que ahora toca jugar y disfrutar. Estoy aprendiendo en este montaje y mucho más que todos estos niños que están participando, ¡creo yo¡ y todos los que participamos en esta obra estamos enriqueciéndonos absolutamente, pensar en los movimientos escénicos, los personajes y trabajarlos con ellos es una experiencia, pero ver cómo los niños lo asimilan, lo asumen y lo trabajan desde el juego es indescriptible.

El problema, en ocasiones, es contrario al que te encuentras con un actor profesional que se le pide que juegue, aquí muchas veces hay que decir ¡paramos el juego un poco!

Alguien calificó una vez a Pep como un actor con corazón de músico y alma bailable a lo que ahora vemos que no le faltaba razón. No sé si en la música el concepto del juego se vive como lo vivimos en la interpretación, aunque lo he hablado con amigos músicos o actores músicos… Recuerdo una conversación muy interesante con Luis Tosar, estaba interviniendo en una película de protagonista en Barcelona y en uno de los descansos estaba un poco agobiado porque no acababa de encontrar el tono de la escena que en ese momento estábamos rodando. Me interesó saber qué es lo que sucedía y Luis me sorprendió diciendo que en un momento de su vida se había equivocado, que tuvo que elegir entre ser músico o actor, él tocaba en un grupo, cantaba, y ahora  lo sigue haciendo en plan más amateur. Me decidí por ser actor, me decía Luis, y creo que me equivoqué, porque un músico sale, sube al escenario, le da a la guitarra, y ya está, se lanza y ya no sufre más, pero en este trabajo de interpretar siempre estamos sufriendo y no hay manera de quitarse de encima esa tensión por hacerlo bien.

Yo tengo ese corazón porque me gusta la música, me interesa mucho, soy un gran melómano de alguna manera, y me gusta hacer cositas a nivel amateur y después, me ponen un sitio para bailar, y eso que bailo fatal, y me desato, bailar me libera y me gusta mucho.

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En este momento nos damos cuenta que Invisibles, los niños del tiempo no puede ser cualquier cosa. Sentimos que Invisibles tiene algo tan especial que es capaz de atrapar en el tiempo a una persona tan interesante como Pep y algo que atrae de esa manera debe tener un gran componente mágico. Me atrajo el convencimiento que percibí en Mar y en Esther de que este era un proyecto que se podía llevar adelante en unas condiciones con muchos niños, con una música que teníamos que escribir… en eso confiaba plenamente en Luis, pero era un proceso en el que había que esperar a escribir la obra, componer la música, después cantarla, coreografiarla… pero las vi a ellas tan ilusionadas, tan convencidas, tan enamoradas de que una historia así se pudiera llevar adelante y vi también a Begoña Tena mientras escribía el texto, del que hablábamos y que la veía imbuida en esa historia que quería contar, la verdad es que no pude decir que no.

Además de ese entusiasmo que nos han mostrado Mar y Esther, y con el que nos han sabido atraer, también estaban las ganas de Luis, de Cristina, de Manolo, mías, por hacer cosas que estuviesen bien y uno no siempre encuentra cosas que están bien para hacer. A veces uno tiene que hacer trabajos profesionales y los hace, sin estar convencido de lo que hace. En el transcurso de esta obra dije a Mar y Esther que si a lo largo del camino surgía algo y me resultaba interesante, tendré que deciros que busquéis a otra persona para dirigirlo. En el camino me han aparecido cosas, no una sólo, más de una… y he tenido la tranquilidad de poder decir a esas cosas que no, que no eran tan interesantes como esta. Algunas de ellas están ahora mismo en cartelera de teatros en Valencia.

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Escuchando a Pep nos asalta la duda que tanto esfuerzo, tanta magia, tantísimo ensayo, un proyecto tan especial y tan atractivo para todos los que, de alguna manera, nos hemos relacionado con Invisibles, los niños del tiempo, de si dos días, 4 sesiones no son pocas para poder mostrar este espectáculo al mayor número posible de personas. Es cierto que puede quedar algo testimonial pero la dificultad de hacer más funciones de este proyecto está; primero en la disponibilidad del teatro al que vamos y segundo, en el hecho, de que en el teatro profesional, salvo el lunes, todos los demás hay función y esto no se puede plantear cuando tienes intérpretes que son niños porque entre semana tienen otras actividades, ir al colegio, estar con sus padres, tienen que jugar y esto no se puede convertir en trabajo para los niños.

A nosotros nos sigue dando pena que este espectáculo no lo puedan ver mis congéneres y vecinos de la ciudad… Yo tengo la esperanza de que este proyecto, no sé si en el mismo formato, si con tantos niños, o turno de niños en las diferentes escenas o cómo, pero eso lo vamos a estudiar y lo estamos hablando entre todos los miembros del equipo… pero se podría hacer en otras ocasiones y en otros teatros y no descarto que eso pueda llegar a ser.

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Nos cambia un tanto la cara sabiendo de esta posibilidad y nos ilusionamos. Y nos surge hablar sobre la música, lo que transmite al ser humano, los estados de ánimo… pensamos que la música es el alma del mundo, lo que le da color a la vida, que el mundo empezó gracias a una música que algunos llaman Big Band y que ahí cabemos todos. Trabajar con niños que cantan, con personas que viven en una Escuela de música como es UTEM… te tiene que influir como persona aún sin querer… Este es un aspecto que me acerca a mi parte de niño, a mi parte de ser humano porque también considero que la música está en el origen… Hace un tiempo estaba girando un monólogo que se llama Koktel Molotov, con textos muy diferentes, pero hay un momento del monólogo en el que hablo de que el ritmo del corazón de nuestra madre, antes de nacer, ese uno dos, ese fuerte débil, es el ritmo de la primera música que escuchamos en nuestra vida y es un ritmo que nunca nos va a abandonar, es por eso que las músicas con esos ritmos de 3×4, 2×2 son tan bailables, nos hacen entrar rápidamente… fuerte débil, fuerte débil, fuerte débil… ¡vamos!¡vamos!… como algo muy primigenio… Entonces cuando entro aquí me dejo arrastrar un poco por eso, por el corazón… que va haciendo pam pam pam pam…. La verdad es que desde el primer día que entré aquí me sentí muy a gusto, muy bien y las músicas que he escuchado, cuando los niños cantan….no sé. Ayer nos cantaron una de las últimas canciones del espectáculo, sólo el coro porque todavía no está montada la coreografía… Begoña, Manolo y yo estábamos llorando y vinieron los niños a preguntarnos ¿qué os pasa?… Estamos llorando de la emoción de veros cantar… La música tiene eso!!!

Menos mal que no somos los únicos que no podemos grabar porque nos emocionamos cuando los niños empiezan a cantar. Se empañan los objetivos de las cámaras. Quizá pensábamos que éramos un poco llorones y facilones, pero vemos que es algo normal por estos espacios musicales e interpretativos… y ante eso creemos que no seríamos incapaces de controlar, tanta emoción, tanta implicación, tanta fuerza congregada en un escenario… El control no sé muy bien cómo lo hago, creo que es algo instintivo basado en la experiencia de haber dirigido otras cosas, trato de aplicar las estrategias, las maneras de dirigirme a los intérpretes que he utilizado. Al trabajar con niños, enseguida me di cuenta que no valían las mismas estrategias, porque son niños y no les puedo pedir lo mismo que a un actor adulto, lo mismo que le pido a Begoña Tena cuando está trabajando como actriz o a Manolo Maestro. Mi dificultad es esa, cómo y de qué manera me dirijo a ellos, de qué manera trato de explicarles una situación, una manera de interpretar, una posibilidad de moverse en el espacio… Mi estrategia, y creo que es la que me funciona en la mayoría de las veces, es la de la risa, la diversión, el que me ponga yo mismo en escena y les pida a ellos que miren la escena, como si yo fuera ellos, y entonces yo hago el payaso, bastante, haciendo lo que creo que deberían hacer ellos… Ellos se ríen, se divierten y es entonces cuando les pido eso, que me hagan reír, que me hagan divertirme a mí también… y responden muy bien.

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La verdad es que escuchando a Pep suena todo tan profesional, que parece que en lugar de una celebración de un Aniversario, estamos asistiendo al montaje de una súper producción. No sé muy bien dónde está la línea que separa la celebración de un aniversario de una escuela de música a esta producción. Fríamente, la línea estaría en el punto en el que, con los niños, y con los padres también, un trabajo de interpretación actoral cuando ellos, en realidad, es que vienen aquí, a la escuela, a aprender música. Por tanto, todo lo que nos acerquemos desde el campo de la música, de lo que ellos tienen trabajado aquí al campo de la interpretación profesional es nuestro camino y nos quedamos, en que a pesar de que todos son diferentes, en un futuro alguien puede descubrir facultades interpretativas para ser un actor profesional y otro no tanto, pero yo ya no juzgo eso.

 Ver a Pep tan tranquilo, con la historia que tiene entre las manos, nos alucina y nos ayuda para tomarnos la vida con algo más de paz y relax. Quizá el lugar donde uno vive influye en la manera de comportarse y en, este caso, Campanar, que es donde vive Pep debe estar apoyando también este espectáculo. Es un barrio familiar, un barrio de antiguo, con casitas pequeñas, pero especialmente, lo que he encontrado en este barrio que no he encontrado en otros lugares de la ciudad, es que tiene una tranquilidad absoluta, al menos donde vivo. Puedo estar en mi casa en un silencio prácticamente total, sin oír nada, ni coches que pasan por la calle… al principio, las primeras noches me despertaba por las noches porque no oía nada. Sus habitantes siguen teniendo esa manera de vivir de la huerta, de la tranquilidad… es un poble y la gente todavía dice…me voy a Valencia…

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No nos iríamos de aquí sin escuchar los motivos por los que Pep explicaría el por qué tenemos que ir a ver la obra invisibles, los niños del tiempo los próximos días 28 y 29 en La Rambleta y el personaje que le hubiera gustado interpretar. Les diría a los espectadores, niños, jóvenes que puedan venir que por favor estén muy atentos y sean muy críticos con lo que van a ver, porque eso nos ayudará a mejorar la obra en todos los sentidos y a los adultos que no dejen de leer entre líneas lo que cuenta esta obra. Existe un mensaje para reflexionar de una manera importante.

En esta obra, en principio, iba a hacer el personaje del industrial pero mis compromisos con otras tareas, que ya venían de antes,  me impedían realizarlo todo lo bien me que hubiera gustado hacerlo. Es un personaje que me hubiera gustado mucho hacer y de los que hay, ahora mismo, si hubiera sido más joven, me hubiera gustado hacer el personaje de obediente, que parece que es un personaje que lo único que tiene que hacer es obedecer, pero tiene su miga, a mí me gusta.

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Lo que más nos gusta de nuestro trabajo es que podemos encontrar personas que vale la pena tener cerca en tu vida, compartir momentos únicos de intimidad y oír latir el corazón de músico al ritmo del un dos, fuerte débil, fuerte débil, fuerte débil….. gracias, gracias, gracias… Pep Ricart.

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