– Como diseñador más joven que pasó hace unos años por la VFW, ¿qué aportaste y qué te aportó?

Aporté un estilo de moda que todavía no se conocía en Valencia. En aquel momento en Europa estaba en auge, era algo nuevo que no es una moda de tendencia pero que tiene un público determinado que consume y vive para este tipo de moda.

He aprendido a ver la evolución que ha ido teniendo esta moda. A mí me gusta estudiar la historia de la moda y la historia del arte y me he dado cuenta que la moda en Valencia ha evolucionado hacia algo que no entiendo. Un desfile tiene que ser para enseñar lo que tú haces y que te lo compren, es un escaparate de tu trabajo. De hecho a mis desfiles han venido y vienen clientas que posteriormente al desfile me realizan pedidos directamente al móvil de aquellos vestidos que han visto. Y eso es hacia lo que yo veo que tiene que evolucionar la moda y la pasarela. Algo que no es nuevo, pero necesario para poder seguir evolucionando en mi trabajo.

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 – ¿No crees que esta visión de ver la moda en la pasarela como escaparate y lugar de negocio se asemeja a la época del steampunk, de Julio Verne y de las visiones más retro-futuristas de una época de revolución industrial en Europa?

Pues no lo sé. Tampoco es que esté diciendo nada nuevo. Porque en la moda todo es cíclico y todo se reinventa. Si hablas con gente que ha vivido el auge de las pasarelas de alta costura y sobre todo el cambio que hubo con Chanel hacia un tipo de ropa más funcional, por así decir, sí que han apreciado el cambio ya que antes la forma de comercializar sus creaciones era como mucho más racional. Ahora quizá hay diseñadores que lucen sus creaciones en la pasarela pero se guardan todos los vestidos que han mostrado en un almacén esperando que alguien les pida producción de esa ropa.

Si hablo por mí, mis colecciones de ropa las vendo. Hay gente que piensa que yo tengo un almacén lleno de vestidos lolita, de cancanes y frufruses y cuando me piden ropa para hacer alguna sesión de fotos o para algún showroom no les puedo ofrecer nada porque no tengo nada fabricado. Por supuesto si algún cliente me pide alguna prenda ya vendida o alguna talla diferente, la hago a medida. Pero en general las cosas que hago las vendo, si no, no podría seguir trabajando.

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 -¿Crees que esta moda “lolita” tiene realmente un público amplio?

Esta moda es algo muy especial para mucha gente y de hecho lo tienen como un estilo de vida. Todo su mundo gira en torno a su estética, que conlleva unos gustos, una cultura, en definitiva, una forma de hacer diferente y que no estamos acostumbrados a ver. Y eso muchas veces toca defenderlo porque la gente sigue sin comprender este estilo de vida y esta moda que hago.

 – ¿Qué significan para ti las muñecas, los cuentos, el circo, este mundo del que ofreces experiencias en los desfiles a través de la ropa, los aromas, la música, etc?

Esto no es esconderme detrás de algo que no sea verdad. Es simplemente que en el mundo hay suficientes cosas feas como para ser partícipe de esta forma de pensar que en esta sociedad tiene todo el mundo. Todo lo que uso en mis desfiles es aquello que a mí me hace sentir bien y ofrezco la forma de belleza que a mí me gusta.

  – ¿Es una moda poco funcional?

Todo es según lo veas. Yo voy vestido así como me ves todos los días y nunca me ha pasado nada. No me parece incómodo. Quizá para una chica que lleva el cancán para darle volumen y en ocasiones van encorsetadas, las medias, las calzas, los postizos y todo eso, evidentemente, cuesta más. Pero dentro de este estilo siempre hay algo mucho más casual y más funcional. En Japón yo he visto chicas que van a trabajar puestísimas y en el lugar de trabajo se cambian, pero otras venden en sus tiendas vestidas de lolita. Así que estará en función de las posibilidades que tengas en tu vida de arreglarte hasta el límite que te permitan tus obligaciones laborales.

– Del mundo lolita lo que se aprecia es ese estado de felicidad total en el que viven sus seguidores y que acaba haciéndose realidad y materializándose en las vidas de todas las lolita. ¿Esa sensación tú la vives en tus procesos creativos con los vestidos que haces?

A ver, es que estoy haciendo lo que más me gusta en el mundo. No puedo pensar en nada malo en esos momentos.

A veces, coso vestidos de novia y de fiesta y en algunas ocasiones me frustro por las dificultades de los tejidos o por las formas de patrones nuevas. La parte positiva de todo esto es que son retos que tienes que solucionar. Yo no lo sé hacer todo. He ido aprendiendo de mis equivocaciones, rectificando y siempre me he propuesto hacer cosas que en ese momento no sé. Que me pidan algo de lo que a priori no disfrute tanto no significa que no vaya a hacerlo porque de eso también aprendo y acabo por disfrutarlo. Hay que buscar las soluciones para que todo quede bien, bonito y estemos todos contentos.

 – ¿Qué tiene el corazón del “lolitismo” diferente al de la sociedad?

En general, todo el mundo que conozco dentro del lolita tiene una parte como muy dulce y no se han olvidado que todavía se puede soñar, que hay que seguir tu corazón. Es esa ilusión de cuando preparas una merienda. Estás con la ilusión de estar todos juntos, de arreglar la mesa, de prepararlo todo hasta el último detalle, la música que se va a escuchar. Es ese romanticismo infantil por una fiesta con los amigos. Eso no quiere decir que tu personalidad no supere toda esa parte en muchos momentos de tu vida.

 – ¿Qué evolución ha tenido tu moda en los últimos años?

Evidentemente en mi forma de vestir he ido evolucionando desde que llevaba el uniforme del colegio. Profesionalmente cuando empecé no sabía lo que era el lolita, pero sí que era muy similar porque me he inspirado en fuentes clásicas. He evolucionado muchísimo en patronajes, en la forma de hacer, en las combinaciones de tejidos, en el aspecto final de aquello que quiero mostrar.

 – ¿Dónde te ves en los próximos 5 años?

Me veo en Japón, la cuna del lolita. Cuando estuve allí me sentí muy a gusto. Vi una sociedad diferente, donde prima el individuo por encima de los juicios personales. Viendo el mercado y lo que puedo aportar no hay nadie que con mis precios y mi forma de hacer haga lo que yo hago.

Quizá en una economía global que evolucione se podría trabajar allí y vivir aquí, o trabajar aquí y vender allí, no sé muy bien dentro de cinco años que pasará.

 – ¿Crees que tiene futuro este movimiento lolita a nivel de crecimiento de mercado potencial?

El lolita es una evolución contínua. No surgió como una tribu urbana de revolución social. El lolita se ha extendido desde los 80 y ahora se conoce en todo el mundo. Hay embajadoras del mundo lolita en cada país del mundo y se organizan espectáculos para favorecer y promocionar el mundo lolita. Sus índices de crecimiento son increíbles. Es como un mundo aparte con escándalos del corazón incluido. Yo pensaba que sólo era moda, pero también existen rivalidades… quizá eso sea un problema, pero hay un mercado que  cada día es más importante para mí.

 – ¿Fidel como diseñador y empresario?

Ahora no pienso en eso. El dinero me parece una cosa de mayores, de los bancos.

 – Cuéntanos algo sobre este maravilloso vestuario que has diseñado y que vamos a ver en la obra de Alicia, en el Teatro Flumen.

Estamos todos súper contentos. Me hacía mucha ilusión y tenía muchas ganas de hacer esto. Lo he hecho con todo el cariño. Me siento muy emocionado con que mi ropa la lleven grandes actores y la vea tanta gente. Siempre trato que los actores estén cómodos y se sientan identificados con el personaje para que también puedan dar más de sí en escena. Pero si además de ser actores y ser buenísimos, se identifican con el personaje que están haciendo, les ayuda una barbaridad, se lo creen y salen a escena siendo Alicia, el conejo o el lirón. Es como magia.

Fidel David

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Ha sido un placer pasar este rato con Fidel y poder disfrutar de la obra de Alicia con el vestuario que él mismo ha diseñado. Esperamos que personas como Fidel puedan aportar todo su talento para que la cultura de esta ciudad se beneficie de la creatividad que tan generosamente enseña en cada cosa que hace.