«Lo que yo estoy aprendiendo es el tiempo. El tiempo en los niños es distinto al de los adultos y al final lo que aprendes es el entendimiento, el entendimiento de los tiempos de cada uno, que al final, lo aplicas en tu vida, en tus relaciones… Tú quieres que hagan las cosas ¡ya!, pero te das cuenta que el tiempo de cada uno es el de cada uno, eso los niños te lo enseñan. Su tiempo de concentración es el que es y hay que aprovecharlo, y cuando ya no pueden más hay que entenderlo igual que ellos se esfuerzan en entender los tiempos de los adultos.»

Cristina Fernández Pintado es actriz, bailarina y coreógrafa. Ha desarrollado una carrera exitosa a lo largo de los años, apareciendo en distintas obras de teatro, series de televisión y numerosos cortometrajes dentro del mundo del cine.

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Es la coreógrafa de la obra Invisibles, los niños del tiempo, que la Escuela de Música Utem está produciendo para celebrar su décimo aniversario y que se representará en Espai Rambleta los próximos días 28 y 29 de Mayo.

Esos grandes ojos marrones se fijan en todo, siguen y persiguen cualquier movimiento que los niños hacen sobre el escenario y con esa voz, que es difícil saber desde dónde la genera, se comunica con ellos desde la profesionalidad que es capaz de moldear las diferentes tareas que tienen que mostrarse en el ensayo y que en su día harán una obra que puede dejar a todos los asistentes impresionados.

Es cierto que nos emociona ver trabajar a Cristina. Mar y Esther observan todos los preparativos para la entrevista y toman su relevo con los niños mayores para que sigan ensayando mientras secuestramos unos minutos a la encargada de los movimientos de las escenas.

Cristina está encantada, además como ella nos dice, estoy haciendo mi trabajo, que es lo mío, me gusta trabajar en este tipo de proyectos. He trabajado anteriormente en otros proyectos de cooperación en África, en proyectos más pequeños, más grandes, pero siento que este proyecto es muy grande. Se ha hecho un gran esfuerzo, no sólo a nivel económico, que también, sino a nivel emocional, a nivel de número de personas… es un proyecto de gran envergadura… mucho más de lo que yo misma pensaba, ¡me llevan loca!

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En el escenario ensayan unos niños haciendo volantines con unos almohadones blancos debajo de sus cabezas para después recostarse sobre ellos. Cristina ríe con esa sonrisa que es capaz de atraer la atención hasta del apuntador… Yo aporto el movimiento, la coreografía, tan necesaria en un musical como este donde se cuida al detalle la dramaturgia, la interpretación, la parte musical e incluso la parte humana y artística.

Viendo a los niños medianos en el escenario me surgen miedos de poder controlar tantísima energía, fuerza, ilusión, ganas… a la vez que emoción de sentir tantas variables moverse libremente en cualquier dirección…¡Esto es una locura! ¡es una locura! Nos comenta Cristina. Me llamó Pep Ricart y me contó por encima lo que era el proyecto, pero hasta que no vine y vi el percal no sabía dónde me estaba metiendo. Primero aluciné con las ganas, con la implicación de Mar y Esther, con la implicación de los padres, por lo que supone mantener unos horarios de ensayos y sacrificarse los fines de semana por sus hijos, por el arte y por creer en lo que están haciendo en esta escuela. Los niños me emocionaron a pesar de que es mucho trabajo… ¡Lo mismo que de emoción, de trabajo!

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Sin embargo, no encontramos una producción en Valencia que mueva a casi 100 niños en el escenario y donde tanto el libreto, la composición de la música como la puesta en escena se haya hecho con un equipo de gran experiencia y profesionalidad como este.

Con niños no he trabajado mucho, cuando he hecho algo han sido cosas pequeñas pero no del nivel que encontramos en esta obra. Es de agradecer que alguien haya apostado por un proyecto donde aprendamos todos los que trabajamos en él. Es un regalo para todos los niños que participan, para los padres y para todo el equipo que formamos la producción, especialmente con los críos, que ¡todos alucinamos!

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El hecho de encontrar una escuela como Utem, donde la formación que se da a los niños a nivel musical tiene la base en el método Williems ayuda a hacer este tipo de proyectos tan innovadores, pero cuando realmente entras en contacto con todos los participantes de la escuela, tanto con su dirección como con los niños y los padres, yo que tengo un hijo, ya me intereso en saber cuáles son las condiciones para poder matricularlo en esta escuela.

La magia de todo el trabajo que estamos haciendo es la relación de amistad que se está creando a medida que el proyecto va avanzando. Cuando estás en un proyecto semejante, donde al final son tantas horas, tanto esfuerzo, tantos whatsapps, tantos mails, tantos problemas que surgen, y que se solucionan entre todos, se crea una conexión muy chula.

Cuando veo a estos niños y niñas ensayar y trabajar, oír cómo cantan y qué relación tienen con la música y el respeto y la educación con la que escuchan a Cristina y cómo interpretan sus tareas no puedo dejar de pensar en nuestro sistema educativo, donde son las matemáticas o el conocimiento del medio las asignaturas que más importancia tienen, cuando las enseñanzas artísticas deberían ser asignaturas obligatorias porque son la base de la educación, también la parte de ciencias, pero la enseñanza corporal, la enseñanza artística te pone en contacto con tu parte más humana, te desarrolla como persona, te hace pensar, te hace encontrarte, saber quién eres. El movimiento, la música es mucho más importante de lo que podemos llegar a pensar.

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Llegados a este punto, donde siento cierta indignación por la educación que les estamos dando a nuestros hijos, no puedo, por menos, que increpar a Cristina por la deficiente labor que los protagonistas y profesionales de estas disciplinas están vertiendo en la propia sociedad y a lo cual me contesta con cierto orgullo que …. Nos hemos dejado la piel ¿cómo me dices eso? Estoy en el sindicato de actores y me he subido a los escenarios, en contra de muchos, a leer manifiestos, a defender los derechos de los artistas, los derechos a tener una educación artística porque son los cimientos que forjan a las personas. Lo que ocurre es que no interesa que una sociedad piense, a veces es pegarnos contra una pared ¡pero nos seguiremos pegando! Hasta que nos rompamos la cabeza, a pesar de lo dura que la tenemos. Está claro que ante evidencias como esta solo podemos dar nuestro apoyo incondicional.

Hace unos momentos hemos grabado un pequeño spot para poder promocionar en las redes sociales “Invisibles, los niños del tiempo” y veíamos a Cristina revolotear entre los distintos personajes que intervienen en la obra. Los espectadores que vayan a ver la obra se van a sorprender muy gratamente. La obra en sí reivindica muchas cosas, tiene una parte de denuncia social y está tratado con una profesionalidad exquisita por parte de todos. Los niños han entendido, los primeros, lo que es una producción profesional desde el principio y así aprenden cómo es el mundo al que se van a dedicar cuando acaben su formación. Es una producción que va a llevar al espectador a pasar por muchas emociones. Emociones que están candentes ahora, ya lo entenderán cuando lo vean, pero lo que la sociedad está viviendo en estos momentos se puede ver tratado en la obra de Invisibles. Es como si la obra llegara justo a tiempo, y en absoluto, por casualidad.

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Cuando hemos llegado esta tarde al ensayo hemos visto el resultado de meses de trabajo. La curiosidad, viendo a Cristina dirigir a los actores, nos viene por la eficacia de un equipo de personas, de componente absolutamente valenciano, como la bailarina, actriz y escritora Begoña Tena que comienza con el libreto, el compositor de la música que es Luis Serrano, el director artístico que es Pep Ricart, así como Cristina junto a la dirección de escuela Utem. En ocasiones, es difícil entenderse en trabajos de este tipo, pero se ha reunido un equipo de profesionales donde todos habíamos trabajado con todos, quizá no todos a la vez, pero si todos entre todos lo habíamos hecho en varias ocasiones. Para mí especial es la colaboración con Pep Ricart que, desde bien jovencita estoy trabajando con él, y además de ser un estupendo actor, tiene una sensibilidad especial para dirigir esta obra de teatro-danza. Esto es un ejemplo de que en Valencia tenemos grandísimos profesionales.

No me gustaría quedar impresionado por lo que estamos viendo esta tarde, por la ilusión de Mar y Esther, por la profesionalidad de Cristina o por la emoción de los niños y quizá querríamos averiguar algunos de los valores que pueden sobrevolar en “Invisibles, los niños del tiempo”. Lo que realmente se transmite en la obra es que en ellos, en los niños, está el poder de cambiar el mundo. No para dejarles la responsabilidad sólo a ellos, sino que nosotros, los adultos, tenemos que enseñarles a cambiarlo, potenciarles la seguridad sobre ellos mismos y mostrarles que el mundo puede ser otra cosa diferente a lo que estamos viendo, que detrás de lo gris existen los colores… porque siempre son los mismos que nos enseñan o muestran lo que les interesa a ellos, pero si hemos aprendido a pensar por nosotros mismos sabremos discernir lo que es real, de lo que no es real. Tienen que saber que la palabra imposible no existe y que las limitaciones se las crea uno mismo.

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Y de los personajes que intervienen en la obra seguro que algunos destacan o llevan la voz cantante dentro del libreto y que tendremos que fijarnos cuando estemos viendo la obra. Cristina, que nos oye comentar entre nosotros, parece que tiene la respuesta preparada. Evidentemente, el personaje de Sueña, que es la niña más despierta, es la que se pregunta cosas y es eso lo que nos tendría que pasar a todos, que nos preguntemos las cosas, porque sólo ahí encontraremos respuestas para muchas otras preguntas y entonces,… surgirán más y más preguntas que nos ayudarán a no parar nuestro aprendizaje.

El personaje del Industrial también, porque es como conocer esa parte gris contra la que estamos luchando y preguntarse, de dónde, porqué, siempre hay alguien por encima, siempre aparecen hilos nuevos, que no conocemos, que siguen moviendo otros hilos y otros… sin saber dónde puede acabar la pirámide. Pero todos los personajes tienen algo interesante y lo que me sucede es que cuando ya los conoces y ves a los niños, tan maravillosos, que los interpretan, los haces todos tuyos….

 Es interesante ver cómo en la obra, cualquiera que interviene, tiene asumido su papel hasta unos niveles indescriptibles, pero estamos convencidos que cualquiera podría hacer cualquier papel, quizá como en la vida. Cristina comenta que tiene una amiga que le dice que cuando te pasa algo, malo o bueno, tú has dado los pasos para llegar hasta aquí, sólo tú los has dado. Es cierto que dentro de nosotros están todos los personajes y que podemos desarrollar cualquiera, pero somos nosotros los que elegimos los pasos que damos. Las emociones como la rabia, la alegría, el positivismo, las ganas, la fuerza… depende de las elecciones de tus pasos el que te conviertas en una cosa o en otra, es responsabilidad personal de cada uno…

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Si cada uno que lea esta entrevista es capaz de llegar a una conclusión semejante estamos seguros que este mundo va a cambiar a pasos agigantados. Sería increíble poder salir de esta obra y permitirnos no echar la culpa al empedrado de las cosas que nos suceden, sería genial, al salir del teatro, dejar de criticar o juzgar dónde y en qué lugar está cada uno, incluyéndonos a nosotros. Gracias Cristina por esta reflexión tan importante.

Quizá no es fácil llevar a cabo esta reflexión en cada momento del día, aquí en esta ciudad, a nivel artístico hemos pasado por unos momentos muy duros, y todos los conocemos. Pensar que todo lo que nos sucede nos está enseñando, que todo es un camino de aprendizaje para ir adonde tengo que llegar y que la opción de salvar todos los obstáculos, para poder avanzar, es mucho mejor que pensar en negativo o que todo me pasa a mi. Sino te pasara lo que está sucediendo nunca llegarías a tu destino. Yo siempre soy de esa manera de pensar y cuando me hundo, digo, ¡buenooooooo! Esto es lo que hay y hasta donde me han llevado mis pasos. Si me pongo a pensar en todo lo sucedido, ahora no cambiaría nada, porque cualquier cosa que hubiera cambiado en el pasado haría que quizá no estuviera aquí contigo.

Nos emociona ver disfrutar a la gente del trabajo que hace, sentir la pasión que le pone a las cosas y el cariño con el que transmite sus pasiones. Hoy hemos conocido a una gran persona que ha abierto sus ventanas al mundo sin tener ninguna necesidad de exponerse y eso es de agradecer.

No siempre ha sido disfrutar…. Antes he vivido las cosas con mayor ansia, la necesidad de llegar a, de aprender con no sé quién o con esas figuras importantes para ti…. Y ahora estoy en un proceso de aprender en el ahora, de disfrutar de cada trabajo y no pensar que !este trabajo esta muy bien… pero quiero aquel o aquel otro¡ ¡Quería llegar tan rápido a no sé dónde!

Hay que tener cuidado con la comodidad dentro de tu trabajo, la seguridad. Cuando pasó el cierre de Canal Nou nos tuvimos que reinventar, buscarnos la vida, indagar otros caminos, parecía que se hundía todo. Ahora puedo afirmar que después de este periodo en el que te ves obligado a sacar lo mejor de ti mismo, los proyectos que llegan los disfruto el triple que en esa época y desde luego, estoy mucho mejor que antes. Hay que disfrutar cada ensayo, cada función, cada momento, cada representación y estoy en ese momento… por eso me ves contenta.

 Cuando les toca el turno a los mayores de ensayar vemos un nivelazo en las interpretaciones y una profesionalidad envidiable… Estos niños son el futuro, son maravillosos y tienen muchas ganas, están en una edad complicada, pensaba que iban a tener mucha más vergüenza, pero se han esforzado de una manera admirable. Cuando yo volvía al siguiente ensayo, después de no haber salido las cosas bien en el anterior, me quedaba sorprendida, lo habían ensayado en casa, habían hecho cosas para que saliera mejor en el siguiente ensayo…. Cuando uno quiere… las cosas salen.

No quisiéramos apagar las luces del escenario y marcharnos a casa sin saber esa parte personal que Cristina Fernández Pintado ha aprendido en estos días aquí con los niños, con la obra Invisibles… y desde luego se lo preguntamos y la respuesta quizá la podríamos enmarcar en un lugar privilegiado.

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Son cien niños y niñas y para el número que son tienen una disciplina maravillosa. Pero tienen un tiempo. Lo que yo estoy aprendiendo es el tiempo. Lo veo con mi hijo, pero es distinto cuando estas aquí trabajando, haciendo coreografías, el tiempo en los niños es distinto y al final lo que aprendes es el entendimiento. El entendimiento de los tiempos de cada uno, que al final, lo aplicas a la vida, en las relaciones… Tú quieres que hagan las cosas, ya, pero te das cuenta que el tiempo de cada uno es el de cada uno, y eso los niños te lo enseñan. Su tiempo de concentración es el que es y hay que aprovecharlo, y cuando ya no pueden más hay que entenderlo igual que ellos se esfuerzan en entender los tiempos de los adultos. He tenido que generarme un laberinto de gestión para enseñarles lo que yo necesitaba en ese tiempo determinado de máxima concentración, buscando la estrategia más adecuada para que todo vaya bien. A ellos les sucede lo mismo, te buscan a ti para entenderte, el lenguaje que yo utilizo no es el lenguaje musical que ellos utilizan, mi lenguaje es corporal y están haciendo un gran esfuerzo para conseguir un diálogo fluido conmigo.

A veces, pensamos que venimos a enseñar, pero lo cierto es que hay que venir a aprender y posteriormente, sin querer, vas enseñando.

La suerte que tenemos en nuestro trabajo es que conocemos a personas increíbles, que están en proyectos maravillosos y nos permiten compartir momentos únicos que nos emocionan y nos ponen los pelos de punta. Sólo deseamos poder transmitir algo significativo de todo lo que nos hacen sentir con este trabajo de recopilación.

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